Pasar una noche en un hotel-iglú ya no es patrimonio exclusivo de países como Finlandia, Suiza o Alemania. Ahora, con desplazarnos a Andorra ya podemos probar esta experiencia única, y no exenta de cierto sabor de aventura.
Es en Granvalira, a 2.350 metros de altitud, en el sector Grau Roig, en plena naturaleza, donde se ha abierto este peculiar hotel construido totalmente en nieve. Para su creación ha sido necesario el uso de más de 3.000 toneladas de nieve y al carecer de sistema de corriente eléctrica, ya que se congelaría, se han instalado unas 5.000 velas, que dan a la instalación un ambiente relajado y romántico.
La temperatura en el interior de los iglús suelo rondar entre los 0 y los 4 grados centígrados, pero están preparados para soportar fríos intensos, de hasta 50 grados negativos en el exterior. Algo que los huéspedes seguro que ni lo notan. Lo sorprendente de la instalación y su completo equipamiento seguro que hacen olvidar el frío.
El iglú-hotel Granvalira, que así se llama, tiene capacidad para acoger a una treintena de personas. En total dispone de 2 iglús estándar, con capacidad para 6 personas en habitación compartida, 4 iglús “Romantic” para 2 personas, 2 iglú “Plus” para 2 personas con servicio privado y 1 iglú “Romantic Suite” para 2 personas y con servicio y jacuzzi privados. Todas las habitaciones están decoradas especialmente por artistas que han dejado su obra impresa en las paredes.
Además de las habitaciones, la instalación consta de bar-restaurante, terraza y jacuzzi. Las camas están equipadas con materiales especiales para condiciones extremas y las actividades y servicios que incluye la estancia son muy apetecibles: paseo nocturno guiado con raquetas, uso del iglú-jacuzzi y primera bajada de esquí antes de la apertura de la pista, entre otros.
Eso sí, cabe recordar que el iglú-hotel está en plena naturaleza y en una altura superior a los 2.000 metros, por lo que los responsables del mismo advierten del equipamiento que hay que llevar y el que es mejor dejar en casa: ropa caliente de nieve, evitar vaqueros y zapatillas deportivas; calzado caliente y confortable, tipo bota de montaña o apres-skí, guantes gruesos, gafas de sol; toalla, bañador y chancletas para el jacuzzi, y linterna.
La propuesta, además de original, abre una nueva vía turística, la de aquellos que buscan nuevas sensaciones o experiencias dentro del mundo de la nieve. Para su mantenimiento, además de las precipitaciones naturales, se ha instalado un cañón de nieve artificial, para garantizar la existencia del blanco elemento y así poder mantener la estructura de nieve prensada del complejo.
Es en Granvalira, a 2.350 metros de altitud, en el sector Grau Roig, en plena naturaleza, donde se ha abierto este peculiar hotel construido totalmente en nieve. Para su creación ha sido necesario el uso de más de 3.000 toneladas de nieve y al carecer de sistema de corriente eléctrica, ya que se congelaría, se han instalado unas 5.000 velas, que dan a la instalación un ambiente relajado y romántico.
La temperatura en el interior de los iglús suelo rondar entre los 0 y los 4 grados centígrados, pero están preparados para soportar fríos intensos, de hasta 50 grados negativos en el exterior. Algo que los huéspedes seguro que ni lo notan. Lo sorprendente de la instalación y su completo equipamiento seguro que hacen olvidar el frío.
El iglú-hotel Granvalira, que así se llama, tiene capacidad para acoger a una treintena de personas. En total dispone de 2 iglús estándar, con capacidad para 6 personas en habitación compartida, 4 iglús “Romantic” para 2 personas, 2 iglú “Plus” para 2 personas con servicio privado y 1 iglú “Romantic Suite” para 2 personas y con servicio y jacuzzi privados. Todas las habitaciones están decoradas especialmente por artistas que han dejado su obra impresa en las paredes.
Además de las habitaciones, la instalación consta de bar-restaurante, terraza y jacuzzi. Las camas están equipadas con materiales especiales para condiciones extremas y las actividades y servicios que incluye la estancia son muy apetecibles: paseo nocturno guiado con raquetas, uso del iglú-jacuzzi y primera bajada de esquí antes de la apertura de la pista, entre otros.
Eso sí, cabe recordar que el iglú-hotel está en plena naturaleza y en una altura superior a los 2.000 metros, por lo que los responsables del mismo advierten del equipamiento que hay que llevar y el que es mejor dejar en casa: ropa caliente de nieve, evitar vaqueros y zapatillas deportivas; calzado caliente y confortable, tipo bota de montaña o apres-skí, guantes gruesos, gafas de sol; toalla, bañador y chancletas para el jacuzzi, y linterna.
La propuesta, además de original, abre una nueva vía turística, la de aquellos que buscan nuevas sensaciones o experiencias dentro del mundo de la nieve. Para su mantenimiento, además de las precipitaciones naturales, se ha instalado un cañón de nieve artificial, para garantizar la existencia del blanco elemento y así poder mantener la estructura de nieve prensada del complejo.
Fuente: pirineodigital